Tumbet en Mallorca, la isla de la calma.

Tumbet en Mallorca, la isla de la calma.

Roser Arcos

En el año 1999 participé por primera vez en una excavación arqueológica en las Islas Baleares, financiada por la Universidad de Barcelona. El yacimiento se llamaba Ses Païsses y se localizaba en el municipio de Artà, Mallorca. Mi experiencia me llevó a repetir en este yacimiento y en otros de Mallorca y también en la isla de Menorca durante los siguientes veranos.

Fue la primera vez que entré en contacto con la cultura talayotica y balear, es decir, pasado y presente en el mismo territorio insular, y ambas experiencias resultaron una combinación inolvidable.

En primer lugar, tuve la suerte de colaborar con un grupo de personas de mi misma edad, en su mayoría mallorquines, que me introdujeron a su particular cultura y lengua. Convivíamos todos en la escuela municipal de Artà y dormíamos en el gimnasio, allí compartimos experiencias sobre el mundo universitario y la vida en general, pero sobretodo buen humor, bromas y risas. Algunas de estas personas continúan perteneciendo actualmente a mi grupo de amigos.

Fueron 20 días de duro trabajo en pleno mes de agosto, empezábamos muy temprano por la mañana y la humedad era sofocante. Recuerdo que la primera tarea que nos asignaron fue desbrozar un frondoso sector en el interior del poblado, junto a la monumental muralla. Una vez limpio de vegetación, comenzamos a excavar los primeros niveles de derrumbe, la gran cantidad de bloques de piedras sueltos que debíamos mover y trasladar al acopio de tierras, ubicada muy lejos, resultó un auténtico martirio. 

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A media mañana desayunábamos unos enormes bocadillos untados de sobrasada, delicioso producto gastronómico autóctono que siempre ha formado parte de mi dieta, a pesar de su grasa…

Al mediodía íbamos a comer a un restaurante y allí pude descubrir algunos de los platos culinarios de cuchara de la isla como l´arròs brut o caldós, els fideus a la cassola, el guiso de carne frit elaborado con hígado, la coca de trempó, y sobre todo los postres como la Greixonera de Requesón, ensaimada, los buñuelos de viento y el batido de almendras. Todo ello acompañado de vino tinto y gaseosa, lo que nos hacía entrar en un estado de agotamiento…Después de comer íbamos al colegio, bien para echar una siesta y descansar o para bañarnos en la piscina municipal situada al lado del edificio, ya que teníamos la entrada gratis a cambio de trabajar en el conjunto arqueológico de Ses Païsses sin recibir remuneración económica. Otros preferían ir a las magníficas playas que teníamos cerca de nuestro refugio.

Por la tarde, alrededor de las 16.30h volvíamos a la excavación, era un momento complicado, casi nadie hablaba, no habían bromas, el sueño, el cansancio y el calor eran los protagonistas. Por otra parte, éramos afortunados porque en muchas zonas teníamos sombra y trabajábamos mejor, recuerdo los grandes fragmentos de cerámica de cocción gris oscura con aplicaciones en la superficie exterior, por supuesto hecha a mano, que obteníamos de los niveles de las habitaciones. 

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Las noches eran relajadas y muy divertidas, íbamos al mismo restaurante y la animación era constante, poníamos en común las anécdotas vividas a lo largo del día en la excavación. Yo comprobé que cada uno vivía aquella vivencia de manera distinta. En ocasiones íbamos a tomar una copa o a pasear por el pueblo hasta subir en lo alto de la colina donde se encontraba la muralla y el castillo medieval, del siglo XIII, iluminado.

Los fines de semana cada uno volvía a su casa, mientras que los catalanes, nos quedábamos en el colegio, era el momento de hacer turismo y descansar.

Con el tiempo hice mucha amistad con un chico de Andratx (Mallorca) que me invitó a su casa algunos de aquellos fines de semana. Fue allí donde descubrí uno de los platos típicos que me dejaron un gran recuerdo por la manera de cocinarlo y por compartirlo con su familia. Se trata del plato popular que me dispongo a ofreceros a continuación, se conoce con el nombre de Tumbet / Tombet y se basa principalmente en hortalizas de temporada: berenjenas, pimientos rojos, verdes, tomates, patatas y huevo duro (opcional).

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Su padre nos cocinó con mucha paciencia y mimo un delicioso tumbet en una tradicional cocina malloquina, la cual estaba ubicada en el exterior de la casa, es decir, en una habitación individual al resto del edificio. El plato resultó muy laborioso ya que había que freír cada producto de manera individualizada e introducirlo en una vasija de barro (greixonera) haciendo pisos, y por último hornearlo.

Mis primeras experiencias arqueológicas están estrechamente ligadas a las Islas Baleres, al sol, las playas, el calor, la buena mesa, el vino y la amistad, todos ellos, condimentos imprescindibles de mi despensa.

Ingredientes para 2 personas

1 berenjena

2 patatas

3 pimientos verdes

2 pimientos rojos

1 kg de tomates maduros

Sal, ajos, aceite de oliva virgen

Preparación, 2 horas

1. Cortar las berenjenas en rodajas y dejarlas 5-10 minutos en sal para eliminar su amargor. Se lavan bien, se secan, se pasan por un poco de harina y se fríen. Las reservamos.

2. Pelar las patatas. Se cortan en rodajas de 0,5 cm de grosor. Se fríen, se salan y se reservan.

3. Cortar los pimientos a lo ancho en tiras de 1,5 cm, freírlos y reservar.

4. En el mismo aceite, freír 3 dientes de ajo picado y añadir luego los tomates troceados. Al cabo de unos minutos escachar los tomates con un tenedor. La salsa no debe quedar líquida.

5. En una vasija de barro, llamada greixonera, colocaremos todos los ingredientes que hemos reservado por capas y se hornearán, empezando por la salsa de tomate, sobre ella una capa de pimientos fritos, otro capa de salsa, una capa de patatas, más salsa, una capa de berenjenas y finalmente otra de salsa de tomate.

El siguiente paso es disfrutar!!! Buen provecho!!!